01-01-12 Viaje a la Isla de Borneo (Malasia)

Sin duda uno de los periplos más intensos y gratificantes de los últimos años. Esperábamos una naturaleza salvaje, desbocada, asfixiante, y la realidad, tozuda ella, nos mostró una isla devastada por hectáreas infinitas de Palma Aceitera (Elaeis sp.) con islas de biodiversidad apabullante y una cultura inesperada,  antigua y bella, extraña dicotomía de Islam y modernidad, de acérrima defensa de la naturaleza y crecimiento (devastación) sin control, donde lo mejor y lo peor de nuestro mundo se dan la mano y nada, parece, se cuestiona.

Nuestro primer destino fue el Estado de Sarawak, al oeste de la isla. Nos desplazamos hasta allí con la intención de visitar uno de los más nombrados centros de rehabilitación del amenazado Orangután de Borneo (Pongo pygmaeus), el santuario de Semenggoh. Este centro, menos visitado y conocido que el de Sepilok (en el Estado de Sabah), resultó una de las mejores elecciones de nuestro viaje. Muy poco público visitando el centro, y decenas de Hombres de la Selva pululando alrededor del encantado visitante.

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De repente un mini-tumulto llamó nuestra atención. Todo el mundo preparó sus cámaras y apuntó en la misma dirección.

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¡Claro, es Richi! ¡El Orangután más famoso del mundo! Impávido, Richi apareció y se dedicó a devorar un manojo de plátanos mientras nos ignoraba.

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Otro de los alicientes del viaje fue la ciudad de Kuching. Si alguién nos preguntara, sin duda le diríamos: ve a Kuching (la ciudad de los gatos). Sentirse feliz en esta mezcla de oriente y occidente, de China, Arabia y Gran Bretaña, resulta natural. Un helado en el tórrido mediodía, una cerveza fría en la noche junto a un restaurante del muelle, y una puesta de Sol sin igual en el mundo.

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Haber llegado a descubrir estos lugares no hubiera sido posible si antes no hubiéramos visto en el mapa que en Sarawak existe un Parque Nacional llamado Bako. Bako fue el motivo de nuestro viaje allí, y creemos, estamos convencidos, de que Bako, por sí mismo, ya vale de sobra para justificar el viaje a Borneo. La llegada a Bako se hace tras navegar por la costa del Mar del Sur de China.

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Y la experiencia natural se produce nada más llegar y comenzar alguno de los múltiples senderos del parque. Las plantas nepenthes (Jarras de Mono) aparecen por todos lados.

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Nepenthe significa “sin dolorâ€, y aunque algunos las han asociado a la bebida del olvido que Elena escanció en las estancias de Menelao para borrar la tristeza del destino de Ulyses, en realidad dicho “no dolor†es el que no sufren los insectos que caen a la jarra atraídos por el olor dulzón del almíbar de la planta.

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También encontramos otras plantas carnívoras, fruto de la usencia de nutrientes en el suelo de Bako, como esta singular Drosera spatulata.

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Agua, extrañas plantas, arenas y grises areniscas se conjugan en los senderos de Bako.

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Donde de vez en cuando aparecen llamativas huellas que nos recuerdan marcas de anclaje de anémonas parecidas a las que podemos encontrar en el Boquerón del Estena (P.N. de Cabañeros, Ciudad Real).

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La vida animal en Bako, aparentemente inhóspito, resulta deslumbrante. Muchas de las especies más buscadas de nuestro viaje aparecieron allí, como este precioso Trepador Piquirrojo.

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Este macho de Mono Narigudo que pasó casi todo el día frente a nuestra cabaña.

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O esta inquietante Víbora del Bambú y este increíble Lémur Volador que encontramos, el primero, justo en el primer arbusto del pasillo que daba a nuestra cabaña, y el segundo en una de las palmeras que dan sombra al grupo de cabañas donde los turistas pasamos la noche y descansamos las inmisericordes horas del calor del mediodía.

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El Mono Narigudo (Nasalis larvatus) es un langur endémico de la isla de Borneo y otra de las razones de nuestro viaje. Me enamoré de ellos tras terminar un documental sobre el Estado de Sabah donde las plantaciones de Palma Aceitera casi habían llevado a esta especie al borde de la extinción.
El Estado de Sabah se encuentra al noreste de la isla de Borneo (los otros estados son Sarawak, el Sultanato de Brunei y el Kalimantan indonesio), y allí íbamos a desarrollar la segunda, y no menos interesante, parte de nuestro viaje. Para empezar, visita y ascensión del Monte Kinabalu, la cima de Borneo y del sudeste asiático con sus imponentes y bellísimas agujas a casi 4.095 msnm.

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La foto está tomada desde el recóndito refugio (lodge) de Mesilau. Una “bomba†al final de nuestro sendero de descenso de la montaña que casi me agota tras pasar doce horas subiendo y bajando sin parar. Eso sí, te dan un diploma precioso en el que dicen que, no sólo has subido la montaña, sino que has llegado –vivito y coleando- hasta el refugio de Mesilau. El ascenso a la montaña es precioso, y se suben lo que los biólogos llaman pisos bioclimáticos, lo que a la postre significa que este parque, más o menos, alberga más de 4.500 especies de flora, 300 de aves y más de un centenar de mamíferos. Y eso que el Parque Nacional de la Montaña de Kinabalu (que es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000), tiene sólo 75.000 hectáreas (algo menos que nuestro P.N. de Sierra Nevada, que por cierto tampoco anda mal en cuanto a biodiversidad con sus más de 2.100 especies de plantas).

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La niebla comenzó a ser nuestra compañera de subida entre los cuarteles de Layang-Layang y el refugio de Laban-Rata, nuestro destino.

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Lo que no impidió encontrar a algunos de los moradores del parque, como este endémico Zorzal Insular.

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O esta bonita flor de Schima brevifolia.

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El sendero es un ininterrumpido paseo hacia la cima rodeado por una exhuberante masa vegetal. Se han hallado hasta 26 especies de Rododendros, 9 de Nepenthes (¡entre ellas una correspondiente a la especie conocida como Nepenthes rajah que contenía hasta 4 litros de líquido!) y algunas imponentes flores de la especie Rafflesia pricei, que pueden alcanzar el metro de diámetro y ¡hasta 4 kgs. de peso!

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La noche la pasamos en el frío refugio de Gunting Lagadan al hallarse saturado el de Laban-Rata, este con calefacción central. Y es que para hacer esta subida hay que reservar con mucha antelación. Mucho frío y algunos dolores de cabeza. Estábamos sobre los 3.300 metros de altura. La puesta de Sol era sobrecogedora.

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Y a las 3 y media de la mañana, en marcha hacía la cumbre del Kinabalu, el pico Low a 4.095 msnm. La imprevisión de nuestro guía, un indígena Kadazan que ni siquiera hablaba inglés y al que poco le interesaba la suerte de los turistas a su cargo (los guías son una contratación obligatoria para ayudar a la economía local), hizo que saliéramos cuando ya todo el mundo afrontaba las rampas más duras del Kinabalu, lo que nos obligó a acelerar el paso si no queríamos hacernos la foto en una cumbre atestada de turistas. Fue una preciosa subida en la noche, no demasiado fría, con un telón negro de estrellas y con un agradable caminar sobre el ceniciento suelo de granodiorita, la roca plutónica que sirve de esqueleto a la montaña y que nos aportaba una reconfortante sensación de seguridad con su tacto rugoso. La foto sobre la cima es significativa, y expresa la satisfacción de haber completado una subida tan bella y gratificante.

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Y esta es la cima con la luz de la mañana: el Low’s Peak.

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Al descender, el espectáculo de las nubes a nuestros pies era soberbio. No es extraño que las cumbres se consideren las moradas de los dioses.

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Y de la maravilla de la montaña del Kinabalu a la maravilla del río Kinabatangan. Allí pasamos 3 días maravillosos en compañía de nuestro guía Remy, excepcional en todos los sentidos. Disfrutamos del día y el calor del Sol tropical, de la noche y sus criaturas misteriosas, y de la lluvia, imparable, generada en la niebla y la humedad de la jungla.

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En el río Menanggul, un pequeño afluente del Kinabatangan, los monos narigudos atravesaban el río de un salto, permitiéndonos disfrutar de cerca un espectáculo aéreo impresionante. A veces los teníamos tan cerca que parecía que querían subirse a la barca.

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Las aves nos maravillaban con su despliegue de vistosos colores y extraños atavíos.

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El primero es un Alción Picocigüeña, un ave de la familia de los martines pescadores. El segundo es la joya de las junglas asiáticas, el Cálao Rinoceronte, una de las aves más grandes de su género. Remy también nos hizo “disfrutar†de paseos descalzos por la húmeda jungla.

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Era la única forma, claro está, de observar extraños Trogones y otras criaturas del lugar, como este precioso Camaleón.

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Otro de los objetivos de los paseos por la jungla eran los Pitas, aves de la familia de los pítidos que son auténticos bellezones dificilísimos de observar. No tuvimos suerte con los Pitas, a pesar de que Remy lo intentó de todas las maneras. Tampoco era la época adecuada, pero a cambio pudimos observar otras preciosidades, como esta mariposa Idea.

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A veces, de regreso al lodge, las aves que no habíamos visto en la jungla se posaban entre los árboles muy cerca de nuestras cabañas. Este Cálao Cariblanco nos sorprendió un atardecer.

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Y a la caída de la noche, excursión en barca para extasiarnos con la mortecina luz del crepúsculo,

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Y disfrutar de animales tan espectaculares como este Búho Pescador.

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La última mañana en el río Kinabatangan se la dedicamos a una de los lugares más singulares de Borneo, las cuevas de Gomantong.

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La isla de Borneo es conocida, entre otras muchas cosas, por albergar algunas de las mayores cuevas de la Tierra. No es este el caso de las cuevas de Gomantong, que a pesar de ser muy grandes empequeñecen al hablar de otras como las de Gunung Mulu o Niah. Sin embargo en Gomantong uno puede ser testigo del arriesgado arte que los humanos han entretejido para conseguir los afamados “nidos de golondrinaâ€, base de la sopa consecuente que se encuentra entre los manjares más caros del mundo.

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En realidad, las golondrinas no son tales. Se trata de nidos de vencejo. Los nidos, elaborados con la saliva de estas aves, son recolectados dos veces al año; la primera antes de la puesta (obligando así a los vencejos a crear un nuevo nido), y la segunda cuando los jóvenes vencejos ya vuelan. Además se distinguen dos tipos de nidos: los nidos blancos, que son los más valiosos en el mercado, sólo están elaborados con saliva; y los nidos negros, que contienen plumas entremezcladas con la saliva y que por tanto son menos apreciados por los consumidores.

En el complejo de las cuevas de Gomantong únicamente se puede visitar la primera cueva (la de los nidos negros), y aunque su enorme boca de entrada se observa desde cualquier parte de la misma, y por tanto hay plena luz, no por ello el viaje subterráneo nos deja de sorprender y estremecer… sobre todo de asco.

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La foto está titulada como El Camino de Las Cucarachas. Son miles las que, vivas o aplastadas por el paso de los turistas, pululan por las pasarelas de madera que impiden que nuestros pies se hundan en las toneladas de guano que se acumulan en el suelo de Gomantong. Además hay que andar con mucho ojo y no posar las manos en las rocas. Este ciempiés del género Scutigera puede ser muy doloroso.

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Pero no todo es miedo y asco en Gomantong. Podemos sentirnos seguros, la cueva está custodiada por superhéroes de la talla de Batman…

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Bueno, en realidad lo que se observa al fondo de la cueva es una impresionante Ãguila-Azor de Indonesia. Y afuera, en el camino de regreso al río, un Ãguila Culebrera que nos mira con recelo a escasos metros del suelo.

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La última parte de nuestro viaje se la dedicamos al Valle de Danum, una de las pocas áreas de Bosque Primario de Borneo que ha sobrevivido a la deforestación de las multinacionales madereras malayas e indonesias.

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Bosque Primario significa bosque virgen, intocado, inmaculado, no explotado por el hombre. De esos que ya quedan pocos, cada vez menos, en el mundo (cada vez que pienso que el desarrollo actual del Brasil se basa en la destrucción de estas maravillas… y que eso es lo que nuestros políticos llaman desarrollo –yo lo llamo devastación, quema de unos recursos que ya no volverán, suicidio colectivo- me estremezco).

Los árboles de Danum, del género Dipterocarpo, están entre los más altos e impresionantes del mundo. Algunos alcanzan tallas de más de 85 metros de alto. En Danum, la compañía maderera propietaria del lugar decidió conservar una parte de su enorme concesión para estudio y disfrute de las generaciones futuras. No está mal la iniciativa, sin ella nadie podría disfrutar de este fabuloso bosque. Un Bosque Primario devastado por la tala tarda unos 400 años en regenerarse. Es una pena que el hombre se dedique a convertir estas maravillas en pulpa de papel.

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Como se aprecia en la foto de arriba, los propietarios de la reserva han creado una red de puentes colgantes y escaleras entre estos gigantes. Parece el Planeta de los Ewoks, pero en realidad fue el Planeta de los Simios. Algunos Orangutanes pueden ser vistos desde estas formidables atalayas. Sin ellas, la delicada belleza de este Eurilaimo sería difícilmente apreciable.

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Desde el suelo de Danum se pueden observar otras maravillas, como este Faisán Llameante que caminaba entre sombras ciclópeas,

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O este juvenil de Langur Castaño.

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A lo lejos escuchamos grupos de Gibones enfadados, pero no tuvimos la suerte de poder llegar a verlos. No nos importó, las maravillas surgían lentamente por doquier. Este vencejo arborícola, para nosotros como una golondrina, tiene desde ahora el título de Golondrina Más Bella de la Tierra.

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Y esta Tortuga Acuática, que además de ser carnívora tiene el caparazón blando, acaba de ganar el de la Tortuga Más Rara de Asia.

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En Danum hubo suerte, y aparecieron los Pitas. Aunque decir que hubo suerte porque pudimos ver un Pita en más de 6 horas de búsqueda, creo que no es lo más apropiado. Recorrimos la jungla y descubrimos innumerables rincones, atendiendo a cada sonido del bosque. Cada brizna que se quebraba, cada canto de las aves, un movimiento furtivo entre las hojas. El resultado final de tanto empeño fue el que se ve a continuación.

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Fue nuestro único Pita (no era el momento), un Pita de Ussher. Para ello tuvimos que andar mucho por la selva, y pagar un tributo en forma de sangre a las innumerables sanguijuelas malayas.

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Nos acostumbramos tanto a las sanguijuelas que casi les cogimos cariño. A veces regresábamos a nuestra preciosa cabaña con cuatro o cinco pegadas a nuestras piernas (tras habernos quitado a capirotazos otra decena larga de ellas). Una, de forma increíble, se introdujo entre mi bota y mi calcetín y reptó casi sin espacio hasta encontrarme la arteria. La picadura es indolora, según parece inyectan algún tipo de sustancia anestesiante que hace que el huesped, nosotros, no sintamos dolor.

Como en Kinabatangan, en Danum también disfrutamos de paseos nocturnos. Se convirtieron en todo un clásico que nos permitía escudriñar, robar, imágenes furtivas a los habitantes del bosque.

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Una tarántula y un precioso Torrentero descansando entre la floresta.

La última imagen es de la capital del país, Kuala Lumpur. Una ciudad agradable, que empieza a ser moderna y donde nuestra crisis pasa desapercibida. Detrás del monorrail, las Torres Petronas.

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