09-03-09 Subimos el Roraima Tepuy, el mundo perdido de Venezuela
Acabamos de regresar de la que ha sido una de las más fascinantes aventuras de nuestra vida, la ascensión en la Gran Sabana venezolana del Roraima Tepuy. Esta montaña, de apenas 2.810 metros de altitud, es uno de los destinos mÃticos de la Tierra, un auténtico mundo perdido cuya cima, aislada y soberbia, constituye por méritos propios una de las zonas más singulares del mundo.
Montaña inmensa y plana, que en la lejanÃa semeja una descomunal mesa de piedra surgida en las extensas llanuras del Parque Nacional de Canaima, el Roraima es de hecho una de las montañas más antiguas de la Tierra, compuesta por una arenisca oscura, a veces negra, en la que se han descubierto materiales tan especiales como el cuarzo y los diamantes. Aunque esto no es nada comparado con el alto número de endemismos naturales encontrados en ella, como las plantas carnÃvoras que prosperan en su cima yerma de nutrientes, las fascinantes ranitas negras que proliferan por sus charcas, o las extrañas mariposas, también negras, que sobrevuelan la inmensa planicie del Roraima en medio de un mar de nubes y nieblas cambiantes.
Si a todo esto añadimos el carácter sagrado y mÃtico que la montaña tiene para los originales pobladores de la sabana, los indios pemones, el carácter no menos mÃtico que tiene para los trekkers de medio mundo, el haber sido la fuente de inspiración literaria de los Mundos Perdidos de Sir Arthur Conan Doyle (y por ende del Parque Jurásico de Michael Crichton), o el ser el punto geográfico donde se unen las fronteras de 3 paises no muy bien avenidos (Venezuela, Brasil y la Guayana), todo esto, y mucho más, hace de la montaña de Roraima una deseable conquista que todos los amantes de la naturaleza no deberÃan dejar de intentar alguna vez en su vida. De hecho muchos de ellos, incapaces de afrontar la temible ascensión del Roraima ya sea por falta de condiciones o de tiempo, no dudan en pagar los aproximadamente 2.000 dólares americanos que cuesta el traslado en helicóptero desde Santa Elena de Uairén para pasar apenas una hora en su cima bella y extraña.
Nuestra ascensión comenzó en la población pemona de Paraitepuy del Roraima, una pequeña comunidad indÃgena que vieve básicamente de los réditos del turismo y sin otro interés que el paisajÃstico. Tras una jornada en la que andamos durante unas 3 horas y media, a través de profundas quebradas labradas por el curso de innumerables arroyos, llegamos al campamento donde habitualmente se descansa la primera noche, conocido como Campamento Kukenán. Este es el nombre tanto del rÃo que hay que atravesar para llegar hasta allà como del propio Kukenán, el increÃble y mágico tepuy (montaña en lengua pemona) que descansa al lado del Roraima, apenas unos metros más abajo que nuestro ansiado destino. Al dÃa siguiente proseguimos el camino hacia el Campamento Base ascendiendo bajo un sol de respeto durante otras 3 horas y media, en una ruta monótona que nos fue acercando lentamente hacia la montaña mientras atrás iban quedando las inmensas planicies de la Gran Sabana.
En el Campamento Base tuvimos tiempo de sobra para observar el Roraima y asombrarnos con sus vientos cambiantes, que igual nos permitÃa observar su cumbre completamente despejada o, en breves momentos, ocultarla bajo un manto de nubes. Lo más bello de este dÃa fue la puesta de Sol, impresionante desde el lugar que la contemplábamos, mientras comenzaba una lucha cerrada entre los vientos de los tepuyes y los últimos rayos del Sol, en la que una lengua de nubes, surgida del seno de los tepuyes, pugnaba por abrirse paso hacia la gran llanura mientras los rayos solares la iban deshaciendo lentamente. ParecÃa como si entre las dos grandes cimas se encontrara el lugar donde nacen las nubes, y aunque tuvimos la sensación de que el Sol habÃa vencido impidiendo que las nubes pudieran progresar hacia su destino, no tuvimos más remedio que reconocer nuestra equivocación cuando, a poco de oscurecer las nubes se adueñaron de la montaña comenzando a llover. Al dÃa siguiente iniciábamos el temido ascenso a la cima del Roraima, y los augurios no podÃan ser peores.
Sin embargo, la experiencia de subir el Roraima bajo la lluvia iba a ser lo más hermoso de esta hermosa aventura, no en vano Roraima significa en lengua pemona “Madre de las Aguas”. AsÃ, en medio de una vegetación lujuriosa que mostraba toda su gama y esplendor de verdes bajo la lluvia, comenzamos una ascensión emocionante que en apenas 3 horas y 10 minutos nos llevó a coronar la popular Rampa, la cicatriz labrada en la piel del Roraima que permitÃa a los mortales ascender a su mÃtica cima.
Detrás quedaron imágenes de increÃble belleza, como la primera vez que observamos la pared del Roraima, y uno de los momentos más especiales que hemos vivido en la vida: el Paso de las Lágrimas, o cómo ascender entre un mar de rocas con las botas sumergidas en agua y bajo la impetuosa caÃda de una de las cascadas más hermosas que habÃamos contemplado jamás. Un momento imborrable cuya dureza y belleza llegó ciertamente a emocionarnos.
Ya en la cima comenzamos a habituarnos con el que serÃa nuestro hogar durante un par de dÃas, tiempo para descubrir y disfrutar de un mundo extraño y áspero donde los únicos elementos visibles eran la piedra, la arena y el agua.
El dÃa siguiente lo dedicamos a explorar la superficie del tepuy, y aunque no pudimos acceder al Punto Triple por el mal tiempo, no por ello pudimos dejar de disfrutar con las increÃbles vistas del Abismo, con la ascensión al punto más alto del Roraima, con la visita a la cueva de los Guácharos y con un gélido baño en las piscinas que el capricho de la naturaleza ha labrado en la superficie del Roraima, los célebres y populares jacuzzis cuyo frÃvolo apodo no hace honor a uno de los lugares más bellos del Roraima, un conjunto de charcas naturales holladas entre arenisca anaranjada y con un mágico piso de cristales y prismas de puro cuarzo.
Dos dÃas después, tras un exigente descenso en el gozamos de espectaculares vistas desde la Rampa del Roraima (como la Cascada del Kukenán, que con 615 metros de caÃda es una de las más altas del mundo), finalizábamos esta fascinante travesÃa que nos llevó 6 maravillosos dÃas, aunque ciertamente se puede acortar y hacer en sólo 3 o 4 dÃas.
Un trekking exigente y menos temible de lo que se cuenta, pero increÃblemente bello, pleno de emociones, experiencias y en medio de uno de los marcos más fascinantes de nuestro planeta. Sin duda una de las aventuras más hermosas de la Tierra.





