12-01-09 Lo que hay detrás de la guerra del agua

Lo que hay detrás de la guerra del agua

Esta es la noticia:

La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) pone en evidencia el lamentable estado de la Unidad Hidrogeológica de la Mancha Occidental en un informe.

Desde el punto de vista cuantitativo, el acuífero ha sufrido un descenso continuado desde 1975, año en el que se considera que su régimen todavía no estaba perturbado. Si se toma como referencia el año 1980, el vaciado de reservas se sitúa en torno a 3.500 Hm3.

Según la CHG, “los caudales circulantes de los principales ríos de La Mancha Occidental no permiten satisfacer las demandas de aguas superficiales de los usos autorizados, ni el mantenimiento de caudales mínimos ordinariosâ€.

Respecto al estado cualitativo del Acuífero 23, la CHG señala que ha alcanzado unos niveles de contaminación que se traducen en “extensas zonas en las que los nitratos superan los 50 mg/l, además de apreciarse otros contaminantes en zonas más locales, que afectan a la potabilidad de las aguas, y por tanto a los abastecimientos de agua de diversas poblacionesâ€.

El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel está incluido en el Plan Hidrológico del Guadiana I como zona de especial protección, por lo que “las actividades [de extracción de agua] de esta zona se limitarán al uso agrario, siempre que sean compatibles con la finalidad del Parque Nacionalâ€.

Además, “en las zonas de influencia será preceptivo el informe del Patronato del Parque para todas aquellas actuaciones que puedan modificar o reducir las superficies de las áreas encharcadas o deteriorar la calidad de las aguasâ€. Adicionalmente son funciones y cometidos del Patronato “velar por el cumplimiento de las normas establecidas en las zonas de protección e influenciaâ€, informan desde la CHG.

Fuente: El Día, SEO/Ciudad Real.

Esto es lo que hay detrás de la guerra del agua con Murcia:

Desde hace más de 30 años los caudales detraídos para riego en la Unidad Hidrogelógica de la Mancha Occidental no sólo han hecho desaparecer por completo amplias áreas del río Guadiana y de sus principales afluentes (Záncara, Cigüela y Jabalón), sino que han hecho descender más de 30 metros el Acuífero 23, el gran mar de La Mancha, y desaparecer algunos de los lugares más emblemáticos de la provincia de Ciudad Real como los Ojos del Guadiana o el P.N. de las Tablas de Daimiel. Como resultado adicional de la intensa acción agrícola llevada a cabo se encuentra además el alto nivel de contaminación del acuífero, del que se nutren de forma directa o indirecta numerosos núcleos poblacionales de nuestra provincia. O dicho en otras palabras, nos enfrentamos a un desastre medioambiental sin precendentes que ha pasado de superar la fase 1 (desastre ecológico) para aproximarse a la fase 2 (afección importante a la población civil). Y claro está, para esto no hay solución a corto plazo. La desidia de la clase política española en los últimos 30 años nos ha conducido a un callejón sin salida al que, ellos, buscan una solución desesperada y de última hora que nos permita sobrellevar el desastre que se nos viene encima. Y para nuestros actuales dirigentes esa varita mágica, ese último clavo ardiendo que tape su nefasta gestión ante la opinión pública, es conseguir que el agua que hoy va a Murcia fluya mañana hacia La Mancha, cerrando los pozos de los que se nutren ahora muchos de nuestros pueblos y abriendo las llaves y compuertas de la futura (ya no tanto) Tubería de La Mancha. Lo que está en juego es por tanto el escándalo silencioso del envenenamiento consentido de toda una provincia. Lo último, la excusa, será la regeneración de La Mancha Húmeda, un paraíso desaparecido hace muchos años y que pocos esperamos volver a ver. Ya no se trata de agua para nuestro desarrollo, como proclama nuestra clase política. La verdad es que es agua para poder subsistir.

Mientras no comprendamos que la salud de nuestro planeta es nuestra propia salud, mientras no seamos capaces de primar la salud de los ecosistemas sobre nuestro desarrollo incontrolado, mientras no cerremos los oídos a los cantos de sirena del progreso a toda costa, estaremos expuestos, cada vez más y de forma exponencial, a crisis ecológicas que acabarán poniendo en peligro nuestra propia existencia como especie.

Vicente Malagón Sanroma. Enero-2009.

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