15-06-09 Subimos el Rocigalgo y el Pico del Lobo
El último mes ha resultado pródigo en rutas y excursiones por la geografía castellano-manchega. Lo más destacable han sido las subidas que realizamos con nuestros amigos de Calzada al bellísimo Rocigalgo, y la que hicimos el día de la región ascendiendo la cumbre de Castilla-La Mancha: el Pico del Lobo.
Los 20 km. largos de subida y bajada al Rocigalgo (1.448 m.s.n.m.) constituyen uno de los trekkings más hermosos de los que se pueden realizar por los Montes de Toledo. Situado en el término municipal de Los Navalucillos y dentro de la zona norte del P.N. de Cabañeros, esta subida supone un ascenso neto cercano a los 700 metros, durante los cuales se atraviesa una gran diversidad de hábitats que siguen el curso del llamado Arroyo del Chorro. La ruta comienza por una zona donde predomina el típico monte bajo mediterráneo (Jara, Lentisco y Encina), y va ascendiendo sin grandes dificultades hasta alcanzar uno de los robledales más altos y bellos de La Mancha, el robledal del Collado del Chorro, que se encuentra a los pies mismos del Rocigalgo. Por el camino habremos podido ser testigos de cómo el Arroyo del Chorro, tras nacer entre las raices de los viejos y altos rebollos, se despeña por el valle aumentando poco a poco su caudal y formando bonitos juegos de agua entre las peñas cuarcíticas del macizo, los más bellos de los cuales son las conocidas Cascadas del Chorro y del Chorro Chico. Tan sólo un paso “aéreo” y el mal tiempo que encontramos supuso alguna dificultad a esta maravillosa subida que nos mostró mucho de lo mejor de Cabañeros.
La vuelta la realizamos campo a través siguiendo una serie de pequeños mojones que alguien del parque había dejado para que los excursionistas no se perdieran, una ruta libre que trajo algunos de los mejores momentos del día, como los vuelos de los Buitres Leonados a escasos metros de nuestras cabezas o las manadas de Ciervos que, libres del acoso de los senderistas, nos pudimos encontrar por las zonas más agrestes del valle. Al final, con las rodillas doloridas por la fuerte pendiente que tuvimos que descender por esta vía, alcanzamos nuestro vehículo con la satisfacción de haber recorrido uno de los rincones más privilegiados de La Mancha.
Días después nos trasladamos hasta la provincia de Segovia para hacer una de las subidas más sobrecogedoras de las que hemos realizado en los últimos meses: el Pico del Lobo. Con sus 2.272 m.s.n.m., el Pico, situado en la hermosa Sierra de Ayllón, es la cumbre de Castilla-La Mancha, aunque nosotros comenzamos la subida por Segovia y la terminamos, como no podía ser de otro modo, por la de Guadalajara. Para ello nos desplazamos hasta la estación invernal de La Pinilla, donde encontramos una pista forestal en bastante mal estado que nos condujo zigzagueando por un bosque de pino silvestre hasta alcanzar el Cerro del Aventadero. Desde allí pudimos seguir por la divisoria de aguas de la cuerda de La Pinilla, cubierta de nieve en algunas de sus zonas, hasta alcanzar el Collado de las Peñuelas y poder divisar, a escasos metros, la cumbre del Pico del Lobo. Un ligero esfuerzo adicional y cumbre en uno de los escenarios más bellos de Castilla. Apenas 1 hora y media para todo el trayecto, con una pendiente muy acusada entre La Pinilla y el Aventadero (600 metros de desnivel en los apenas 3 km. de ascenso entre los pinos), y que nos había dado el privilegio de contemplar uno de los paisajes más bellos de España.
Habíamos coronado la cima de Castilla-La Mancha y de repente sentimos vergüenza. Parece inconcebible que una cumbre tan bella y emblemática, un prodigio de pureza situado en el marco fabuloso de la Sierra de Ayllón, pudiera encontrarse profanado por un abominable amasijo de hierro y bloques de hormigón, vestigio de un modo de entender la naturaleza como un negocio en el que todo vale. Allí, justo al lado de la misma cumbre, encontramos las ruinas y despojos de uno de los remontes abandonados a su suerte por los propietarios de la vieja estación de esquí de La Pinilla. Un auténtico atentado ecológico que nadie acierta a comprender cómo nuestros admirados próceres, que tanto se vanaglorian del patrimonio común, consienten que se mantenga en pie ensuciando la vista y llenando de porquería lo que debería ser limpio y pristino, la cima mágica del Pico del Lobo.
Sirvan estas imágenes para ilustrar los párrafos anteriores y para denunciar esta vergüenza ante todos. Ojalá que algún día, a través de estas páginas o de otras, alguno de nuestros dirigentes tome conciencia de esta profanación y sienta la misma vergüenza que nosotros. Y que actúe de inmediato borrando de la faz de la tierra el citado armatoste.
Y para que los internautas comprendan el porqué de nuestra veneración por el Pico del Lobo y su entorno, traemos aquí estas imágenes que creemos hablan por sí solas.





